| |
Fueron estos primeros años muy fecundos en obras, pero estériles en resultados debido al escaso empuje de nuestras asociaciones y al poder creciente del feminismo radical y misoándrico, cuyos tentáculos han ido invadiendo y dominando cada vez más todos los resortes políticos y sociales. Llevamos a cabo muchas manifestaciones, especialmente en Madrid frente al Congreso de los Diputados, pero hubo en algunas de ellas más periodistas y cámaras de fotos y de televisión que manifestantes, dando por lo tanto las sensaciones de marginalidad y de insolidaridad que desde siempre nos han acompañado. Cuesta hacer entender a los afectados que sólo a través de una lucha colectiva se logrará un cambio de la situación, un cambio que únicamente puede ser de una forma: legislativo.
En 1999, en el transcurso del 7º Congreso, acordamos una reestructuración de nuestra federación, integrada en ese momento por 23 asociaciones. Desde entonces pasó a llamarse Unión de Separados, continuando con la misma sede, y con Ramon Pastor como presidente y Ana Sesma como vicepresidenta.
Hasta ahora, que pasa a llamarse Unión de Padres Separados con el fin de concretar más nuestra denominación.
IDENTIDAD Y OBJETIVOS:
Nuestra federación integra por igual a hombres y mujeres, pues entendemos que si discriminamos un sexo haríamos igual que el feminismo y el machismo, entrando en contradicción con nuestro ideario, basado en el respeto por igual al hombre y a la mujer. Estamos en contra de aquellas asociaciones basadas sólo en hombres o en mujeres, pues sólo buscan los intereses de un solo sexo a costa del otro y por ello son injustas y perniciosas.
Nuestra reivindicación fundamental es la custodia compartida, como único sistema que permite que los hijos reciban un cuidado y una atención equilibrada y correcta tanto del padre como de la madre, ambos vitales en su desarrollo. Entendemos que la actual Ley de la Custodia Compartida, elaborada y aprobada por el gobierno del PSOE, es una burla a los principios de equidad y respeto que deben regir en las separaciones y divorcios. En cuanto que deja vía libre para que una mujer la impugne, presente una simple denuncia por malos tratos que sirve para anularla sin más, o que el fiscal se oponga -lo que viene sucediendo de forma sistemática-, convierte la custodia compartida en papel mojado. Hoy, más incluso que antes, resulta imposible acceder a ella. Las custodias compartidas que se consiguen son sólo el resultado de los mutuos acuerdos que han existido siempre; por otra parte, unos mutuos acuerdos condicionados permanentemente por la situación de superioridad y prepotencia de la mujer. Ella sabe que simplemente por su condición de sexo lo obtiene todo (custodia, vivienda, pensión compensatoria vitalicia y pensión de alimentos), después de arrebatárselo al hombre. A cambio, éste es indignamente reducido al papel de mero visitante, sin ninguna capacidad de intervención en el desarrollo y la educación de sus hijos. Esta situación, que para el PSOE es paradigma del progresismo, es por el contrario profundamente machista y retrógrada, ya que equivale a cargar a la mujer con el peso de la familia y a ser una mantenida de por vida, con todos los hándicaps e indignidades sociales que ello representa, mientras que al hombre se le da el del trabajo y la vida pública, para lo que estará más liberado a su pesar.
Por lo mismo, estamos totalmente en contra de la Ley de Género y demás falacias igualitarias relacionadas con el trabajo y los cargos de responsabilidad en la función pública y en las empresas. Impulsadas por el gobierno feminista de la nación, parten de mentiras y de premisas manipuladas (no existe, por ejemplo, la tan cacareada desigualdad laboral), y tampoco tienen en cuenta algo muy importante: la discriminación positiva para la mujer es negativa para el hombre. Son, por lo tanto, tremendamente injustas. La Ley de Género en concreto vulnera flagrantemente el principio democrático de la igualdad de sexo, al establecer parámetros distintos para castigar los malos tratos. La mujer recibe un descarado trato a favor, mientras que sobre el hombre cae todo un aparato puramente inquisitorial repleto de medidas desproporcionadas y crueles.
Todas estas leyes, de indudable corte fascista en el sentido que privilegian descaradamente a la mitad de la población a costa de marginar sin ningún pudor a la otra mitad, incrementan espectacularmente las injusticias a las que desde hace decenas de años se ven sometidos cientos de miles de padres separados. El resultado es el continuo fomento del odio y, por consiguiente, de la violencia. La mayoría de los malos tratos son producto de la desesperación causada por estas leyes, basadas en una obvia discriminación y en el mal trato psicológico a los hombres. Todo ello, sin olvidar que este cúmulo de alevosos disparates legales y judiciales siempre termina alcanzando a aquellos que hoy se creen inmunes, y por supuesto también a las mujeres, ya que todas tienen familiares o amigos masculinos.
Nosotros estamos totalmente en contra de toda violencia e injusticia, y por ello decimos claro y alto que queremos recuperar nuestra dignidad y compartir nuestros hijos con las madres. Que nos lo dé el gobierno, en vez de arrebatárnoslo con sus leyes y con el aparato judicial frío e inhumano que ha ayudado a desarrollarse, y comprobará en el acto cómo bajan radicalmente las cifras de malos tratos y cómo nuestros hijos crecen en un ambiente sano, a salvo de los traumas y rencores que hoy en día atormentan a la mayoría de ellos por culpa de jueces, políticos y periodistas. |